LA CALLE DEL ADIÓS

Hoy cogemos por la calle del adiós. Y vemos el último paso. El último paso no es el de la Soledad, eso es lo que parece. El último paso es el del tiempo, es el último paso que de verdad se lamenta, el que cruje en la madera de los años.

La calle son muchas calles, la calle son muchas plazas, muchos rincones, la calle son hasta esquinas guardando sorpresas de luz al doblarlas. La calle son laberintos secretos que aprendí de la antigua Judería, cuando de San Bartolomé salían cofradías como Las Aguas y Jesús Despojado. La calle son los viejos adoquines de Toneleros, con pies descalzos de nazarenos en las fotos sepias de Luis Arenas. La calle era aquella de Varflora por la que venía Juan Castro llorando bajo el azul antifaz de La Carretería. La calle fue Cardenal Cisneros, escoltada por naranjos en los ojos sabios de Efi Cubero, mientras mi abuelo Rafael me asoma al Cristo que se asoma por su puerta con marcha de Pantión. La calle fue un barrio como San Julián, sacando una Hiniesta de hebrea que vuelve a ser de Sevilla gracias a don Eladio, el tío Eladio García de la Borbolla. La calle se llama Adriano y tiene un balcón junto a la capilla, desde el que veo asomarse  -poco a poco, la izquierda alante-  los pies muertos del Cristo de la Misericordia, en aquellos tiempos del Baratillo cogiendo por la antigua calle de La Mar, aquellos años del Aero frente a la Punta del Diamante. Fue entonces cuando empezó mi romance inacabado y eterno con la niña Piedad. “Y cada Miércoles Santo, otra vez al balcón vuelvo”, quizás porque mi niñez sigue jugando en tu playa del Arenal…

Hoy nos vamos por donde hemos venido. Por donde el lunes buscaremos esas mismas calles para dar con la vida, con los asuntos, esas calles para arreglar esto y lo otro. Pero hubo una época, un exultante tiempo de adolescencia, pandillas y juventud, en la que esas calles nos llevaron hasta la Semana Santa, nos valieron para dar con las cofradías. Fueron esas calles del programa “Orientación”, para averiguar el horario del gozo cada cinco minutos, para conocer dónde se recomendaba la mayor emoción. Placentines (la de la anchura del Cristo de la Buena Muerte), Alemanes, Argote de Molina, Rodrigo Caro, Plaza de la Alianza, Doctor Letamendi, Feria, Conde de Torrejón, Avenida de los Teatinos, Gallinato, Cristo Rey, Conde de Barajas, Resolana, Pureza…

Sí, nos vamos por donde hemos venido y volveremos por donde nos fuimos: siempre por esta emoción llamada Sevilla que volverá a vestir su aire de Giralda, de hosannas y aleluyas, el 14 de abril de 2019, cuando otra vez sea ¡Domingo de Ramos!

Pepe Fuertes  

 

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