EL ÉXITO DEL FRACASO

Cuando en estos tiempos nos califican como éxito las cifras de ventas de un disco o las de audiencia de una serie televisiva,  en realidad corresponden comparativamente a las de un fracaso en otra época. Un disco de oro no son más que 12.000 ejemplares de los 50.000 que ese galardón necesitaba antes. Y otro de platino se conforma con parecida proporción. Igualmente los programas de televisión nos cuentan, en el mejor de los casos y hasta como minutos de oro, unos cuatro millones de telespectadores, cinco con suerte, con mucha suerte. Pero es una suerte irrisoria al recordar que el “Un, dos tres… responda otra vez” sumaba un seguimiento semanal de más de veinte millones de televidentes, lo propio de las horas estelares y cuando sólo había una cadena oficial, junto con aquella otra que se llamó al principio el UHF y después la segunda de TVE. Los cantantes en promoción, por ejemplo, casi han terminado recorriendo los canales como la Piquer los teatros con su famoso baul. Lo que cuesta en la actualidad que sean vistos por todo el mundo, o que se hagan famosos los principiantes. Hace treinta, cuarenta años, bastaba aparecer una sola vez en un buen programa de la noche para que fueran reconocidos en la calle. Hubo hasta concursantes absolutamente populares, como la mamá o el yeyé del millón, el alcalde de Bélmez y hasta César Pérez de Tudela. Pero ahora la oferta del entretenimiento es amplia y diversa, por lo que salvo en contadas ocasiones, ha pasado a la historia que todo el país estuviera pendiente de la televisión. Ni el eurofestival consigue ya eso. Y excepcionalmente el fútbol.

 

La vida ha tenido que relativizarse si quería seguir conservando algunas de sus categorías. Y los casos específicos de la industria discográfica, la radio y la televisión, no dejan de ser negocios como otro cualquiera; así que por más particularidades y naturaleza singular que posean, terminan obligados a perseguir una rentabilidad. Necesitan avalarse con récords y premios. Subsisten así ante sus patrocinadores. Se han visto forzadas a inventar el éxito del fracaso.

 

Pepe Fuertes

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