60 AÑOS DE IDA

Dice Beatriz que siempre vamos de ida, que acabemos donde acabemos un día como seres humanos, todo será camino de ida, incluso después de estos senderos que hayan sido vivir, incluso más allá de existir.

No me cabe duda de que estoy cumpliendo sesenta años acompañado por una gran mujer, una mujer excepcionalmente madura para decirme eso teniendo sólo veintiún años. Es como regalarme un canto a la esperanza, como obsequiarme de antemano con un pedazo de cielo. Y tampoco me cabe duda de que soy un tocado por la fortuna, porque justo donde alguien, con el divorcio, pretendió mi derrota, yo tenía escrita mi victoria. Para lo que he quedado, ¿verdad?

He quedado para seguir de la mano de quien realmente siempre esperé que llegara. Ahora comprendo con ella que todo lo que hice antes, absolutamente todo desde que era incluso un niño, estuvo dirigido y como planeado para encontrarme en este mundo con Beatriz. Hasta cuando yo grababa discos, cuando creí que mi meta era triunfar en la música, lo que yo cantaba no eran más que gritos de auxilio para que ella acudiera.

Hoy, 5 de octubre de 2017, puedo decir convencido que lo que de verdad y por encima de todo me ha importado en esta vida es el amor. Sé muy bien que es de lo único que van a examinarme a la caída de la tarde. No interesarán tantas cosas como he hecho.  Ninguna. Sólo habrá una contabilidad decisiva. Sólo me preguntarán cuánto he amado.  Así que espero tener por delante muchos más caminos de ida para seguir aprendiendo esa lección.

Pepe Fuertes

 

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