“VOLEMOS ALTO” CANCIONES NUEVAS PARA UN DISCO ANTIGUO

Antonio Cortés se ha sometido en su nuevo disco al clásico reciclaje que va desde la copla a la balada. Tuvo disponible una larga experiencia ajena para comprender esta decisión como la más conveniente a su carrera. Un día también hubieron de afrontar lo mismo Rocío Jurado, Isabel Pantoja, María José Santiago o Pastora Soler. Pero la capacidad de llevar a cabo una mutación más compleja de lo que parece, debía quedar musical y vocalmente en manos de quien mejor lo hace en estos momentos: José Abraham. Nada menos que la Warner Music le eligió para una apuesta en la que la multinacional se juega mucho. La Warner sabía que actualmente Abraham está considerado en Estados Unidos como el mejor autor latino del mundo. Estas cosas suelen ignorarse en España, no digamos en Sevilla  -donde lo relevante es ser pregonero de tantos juegos florales-, pero se conocen muy bien en las auténticas cúpulas internacionales.

El propósito bien difícil de esta grabación está logrado con la idea del regreso del compositor a la medida, eso que se ha dado en llamar el compositor sastre, cuyos orígenes pudieran considerarse ya en la copla, con el triunvirato irrepetible de Quintero, León y Quiroga, y cuya beneficiaria máxima fue Juanita Reina, intérprete de auténticas coplas matrices. Después, ya se sabe: el nombre inequívoco de Manuel Alejandro y los casos geniales de Armando Manzanero, José Luis Perales, Roberto Livi o Alejandro Vezzani.

José Abraham es el elegido que ha recibido esa herencia. Posee la facultad de hacer compactos que hagan honor a su nombre: compactos, no discos frankenstein, llenos de soldaduras que se notan, de pegamentos intentando conciliar piezas sin empatía posible. Abraham no suelda, sino que ensambla. Y no cabe duda de que Antonio Cortés ha salido ganando en la muestra de una versatilidad congruente, donde la variedad se nota que sale de un mismo progenitor. Eso le ha facilitado que vocalmente quede impecable. Y ajustado. Ajustado no es limitado, sino inteligente. En los discos no hay que dar lecciones de canto. Eso queda más oportuno con la profesora ante el piano. En los discos o en escena, lo que hay que ser es sabio con la elección del repertorio, como hacen los líricos. Hay que aprender de ellos que, incluso poseyendo voces portentosas, no lo cantan todo. La mesura y la dosificación alargan el tiempo de su dignidad ante el público.

Antonio Cortés está magníficamente aprovechado por los conceptos clarísimos de José Abraham, a quien la astuta Warner ha entregado hasta la máxima facultad de toda la producción y dirección de este trabajo. Está resuelto con orquestaciones que parecen emanar de un tiempo desgraciadamente ido. El look elegante de Antonio Cortés como un legendario crooner, el micrófono a juego con sus melancolías, da desde la misma portada del CD las pistas de un contenido exquisito, con canciones tan maravillosas como para que intérprete y compositor logren una resurrección artística de los tiempos más dorados para ser cantante: “Desesperado”, “Olvídate de mí”, “Mi ángel”  -biográfica-, … hasta un total de diez, destacando un dueto excepcional, “Caminito viejo”, junto a una experta en boleros como Tamara.

Es un disco que diría haberse grabado teniendo previstos los pasajes de un vuelo hasta América Latina, un disco con vocación internacional, cantado desde los mejores sueños que pueda hacer realidad un gran artista.

Pepe Fuertes

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