RAPHAEL VUELVE

Raphael reaparece hoy en la Feria de Albacete tras varios meses recuperándose de una faringitis. Las condiciones vocales del artista se le pusieron tan en contra que se impuso la necesidad imperiosa de pasar el verano en blanco, aplazando todos sus conciertos de junio, julio y agosto por España. Ha tenido que afrontar un largo reposo de su garganta. Pero esto no es nuevo en su carrera de más de 55 años. Ya por los años 70 se tuvieron que suspender por agotamiento físico los recitales del Palacio de la Música en Madrid. Y a principios de los 90 el artista se hizo controlar y cuidar en Sevilla nada menos que por un especialista del prestigio de Muñoz Cariñanos.

Lo de la voz de los cantantes es más complicado de lo que la gente pueda imaginarse (de los cantantes y hasta de los actores). Su maestría abarca hasta dar la impresión de que se desenvuelven como por arte de magia, merced a una facilidad natural que no requiriese una atención especial, un cuidado extraordinario. Pero la verdad es que  en muchos de ellos llega a ser un tema verdaderamente obsesivo, los trae de cabeza. Es la zona oculta que les exige los mayores sacrificios y la máxima alerta: la temperatura de lo que toman o beben, las infusiones que les favorecen, las aspiraciones de vapores más convenientes (como las de eucalipto), el uso de bufandas o pañuelos al cuello (incluso en tiempos de calor, algo impensable y anacrónico para los demás), la supresión del aire acondicionado, la continencia sexual, el periodo en las mujeres, la clase de alimentación, las horas de ingesta, el estómago vacío para ayudar a la musculatura del diafragma, estirar o colocar la voz mediante ejercicios y recursos previos a una actuación, hablar lo menos posible, dormir y descansar mucho… Un suplicio, una férrea capacidad de renuncia permanente a vivir y a disfrutar como los demás. Por no citar los tratamientos y las medicaciones más o menos puntuales o urgentes, como los arriesgados corticoides para las inflamaciones de garganta en el momento más inoportuno. Incluso las intervenciones quirúrgicas en casos de nódulos y otras afecciones cuya naturaleza exige pasar por el quirófano.

Los cantantes nos dan su voz como si fuera lo más natural del mundo, como el trino de un pájaro sobre la rama de un árbol; pero lo cierto es que pagan por ella un enorme tributo de vigilancia constante. Quienes cantan profesionalmente necesitan de su voz los datos más pormenorizados, como las notas a las que llegan cada día o las que han bajado por un simple catarro o la menstruación. Y no sólo la tesitura o el registro más o menos amplio están sujetos a la variable de muchos factores (a veces influye hasta el cambio de un país a otro, su climatología; o la proximidad con el mar, las diferentes latitudes y altitudes), sino que hasta el timbre y el color de la voz dependen del ánimo, de la propia vida particular o sentimental. La tensión incluso por la responsabilidad ante una actuación, puede provocar la debilidad de la naturaleza, la destemplanza que no se tenía, la fiebre que no se padecía. Como suele decirse, se busca uno lo que no tiene.

Es todo un mundo el de la voz de los cantantes. Es su base y la mayor parte del costoso y esforzado sueldo de cantar, una especie de manía persecutoria que los más grandes saben guardarse para sí bajo la apariencia de mostrarla con serenidad y control.

Una voz portentosa como la de Raphael aumenta, si cabe más y precisamente por ser prodigiosa, las exigencias de sus cuidados. Una larga trayectoria de varias décadas de facultades asombrosas, fue posible gracias a tanta disciplina.

Pepe Fuertes

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