TODO PREVISTO

La sociedad siempre tiene previstos nuestros pensamientos. Somos esperados como sucursales de las ideas que ya están decididas por  otros. Por eso la originalidad nunca fue fácil. Y nos condenan si sacamos los pies del tiesto. Yo llevo sacándolos muchos años y cada vez más.

Conquisto mis propias ideas, no las tomo prestadas, salvo de aquellos que tengo por inteligentes, los que también han peleado por las suyas y les permito estar legitimados para ofrecérmelas.

Ya no escucho a quienes noto a leguas que repiten consignas como papagayos, como si vivir fuera el resultado exacto de una tabla de multiplicar. Detesto a los infalibles, los quiero lejos de mi mundo, es muy conveniente mantenerlos a raya. Sobre todo, porque cuando llegue el momento de sus derrumbes, del fracaso de sus mentes estándar, no quiero que me pille debajo y formar parte de sus escombros. Esa gente siempre termina diciendo que no se podían imaginar… Los librepensadores, sin embargo, nos lo podemos imaginar todo.

Me han hecho vivir demasiado tiempo, demasiados años, de frases hechas, de refranes, de sentencias de sénecas de tres al cuarto. Incluso me han inculcado evangelios oficiales que habría que ver cuánto tienen de palabra de Dios y cuánto de manipulaciones de los hombres. ¡Lo que lleva Dios callado mientras proclaman que esa es su voz!

He mandado al desguace una cultura y una religión tan falsas como inservibles. No quiero más estereotipos ni más razones sin razonar.  Detesto los porquesí y me aburren las liturgias sin corazón. Y entre muchas otras cosas ya no confieso que hay un solo bautismo para el perdón de los pecados. ¡Qué soberbia! El Amor de Dios tiembla hasta en las hojas del arce japonés.

Pepe Fuertes

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