HA PASADO UN ÁNGEL

En mi vida he cogido una moto. Así que ya se pueden imaginar lo poco o nada que he seguido el motociclismo. No tengo ni idea de cilindradas.  Pero sabía quién era Ángel Nieto. ¿Quién no? Hay gentes cuya valía rompe las fronteras de la afición que las sigue. Gente como Pelé, Di Stéfano o Maradona, cuya fama nos llegó a quienes nunca nos gustó el fútbol; gentes como Bahamontes o Indurain, de las que a la fuerza tuvimos que oír su nombre los que no estábamos pendientes del ciclismo;  lo mismo que cuando quienes no eran aficionados a los toros, supieron de Manuel Benítez El Cordobés, o aquellos que jamás han jugado al tenis no ignoran que existe un gigante llamado Nadal. Ahí reside gran parte del mérito de estos colosos: que trascienden su propio ámbito.

Se ha muerto Ángel Nieto. Y con la triste noticia colgada de mis ojos, he de reconocer que la valoración de su carrera deportiva no me es legítima, sería ilícito imitar torpemente a los expertos. Yo quedé siempre al otro lado de saber de motos, donde no se tiene ni idea ni de mecánica ni de pilotos, pero donde se cambia la importancia de la velocidad por la de la tenacidad.  Por eso alcanzo a entender que se ha ido un campeón 12 más 1 (en respeto póstumo a sus supersticiones). Fue y será un nombre grande de España en el mundo. Por más que yo no sepa lo que es llevar un manillar entre mis manos, le lloro. Y siento, lo siento mucho, que por nuestras vidas ha pasado un Ángel. Esta tarde entró en la historia. Y siempre se llamará nada menos que Ángel Nieto.

Pepe Fuertes

 

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