45 AÑOS DE LA BODA DE RAPHAEL Y NATALIA

El tiempo pone a cada uno en su sitio. Y juntos a quienes debían de estarlo. Se han cumplido 45 años de la boda de Raphael y Natalia Figueroa. Cinco más… y ya están en las de oro. Es el metal al que Raphael está muy acostumbrado con la venta de sus discos,  sumando encima uno de uranio.

Son 45 años de lo que no iba a durar. 45 años de una apuesta prácticamente ganada sólo por los novios, pues no pudieron encontrarse con más obstáculos para casarse, con más oposiciones familiares por parte de quienes estaban al lado de la novia, los ubicados en la aristocracia, con la pesada losa histórica del conde de Romanones, en la otra punta del origen humilde del muchacho que se lo había ganado todo a golpe de voz.

En la España de hoy no es fácil situar a las nuevas generaciones en aquella otra España en la que ocurrió esta historia de amor. Ni siquiera es simple al menos, ni rápido, explicarles quién fue Raphael por aquella época, cuando él estrenó miles de cosas en un país que hasta entonces no las había conocido en el caso de ningún artista, hasta unos niveles de fama y fenómeno social sólo equiparables a Manuel Benítez El Cordobés en el toreo y al mismísimo Jefe del Estado, Franco. Además, lo que hoy es un cantante de primera línea, como Alejandro Sanz o Bisbal, no da una idea de la envergadura de cuanto significó Raphael para las masas. Raphael fue otra cosa, una noción de popularidad incomparable y desmedida,  ya irrepetible.

Por eso su boda con la escritora y periodista Natalia Figueroa, hija de los marqueses de Santo Floro, tuvo que pretender llevarse hasta un lugar secreto al que miles de fans no pudieran arribar y hacerse con sitiar el acontecimiento. Venecia fue la ciudad elegida. Y la fecha, el 14 de julio de 1972. Fue una elaborada gestión digna de Sherlock Holmes, que cayó sobre todo en las manos de José Luis Ducasse, abogado entonces del cantante.

Las artimañas y estrategias de los medios de comunicación para descubrir esos dos decisivos datos, la ciudad y el día, las tretas que les permitieran contar y fotografiar la que se llamó justamente entonces “la boda del año”, los trucos para procurarse cada cual estar allí donde como profesionales debían de estar, quedaron en un libro  representativo de los quebraderos de cabeza que tuvieron que padecer todos. Lo escribió Yale, con un título a modo de síntesis del secretismo y la ocultación con el que los protagonistas y sus invitados procuraron  -sin conseguirlo- evitar la presencia de informadores, cronistas y reporteros: “La boda del silencio”.

Natalia sevillanizó de algún modo su enlace al lucir un vestido blanco de clara inspiración en el traje típico de flamenca, con volantes, diseñado por ella misma y confeccionado por Herrera y Ollero. Y como tocado, Natalia eligió una flor blanca colocada sobre el lado  izquierdo de su pelo, al estilo de nuestra Feria de Abril. Se adornaba asimismo con el detalle de  dos rosas amarillas en su mano. Personalizó la elegancia bien difícil de la pura sencillez. Y el poderoso influjo andaluz llegó hasta el arroz para lanzar a la salida de los novios, que de las Marismas se trajo la hija de don José María Pemán, uno de los ilustres invitados de la novia.

La boda que con tanto sigilo se había preparado, terminó siendo un secreto a voces del papel couché, porque las revistas semanales del corazón le dedicaron sus ediciones con carácter de extraordinarias, publicando auténticos álbumes de fotos en color, adoptando su gran número de páginas la calificación de indiscutibles monográficos de la boda. Para aquellos tiempos,  sin la profusión de coleccionables de viajes como ahora (tipo Traveler), se brindó una ocasión única para llegar a ver, al hilo de esta noticia,  tantas imágenes juntas de Venecia. No pocos tuvieron de ese modo la oportunidad de descubrir el atractivo turístico de la ciudad de los canales. Y más que aquella cantidad ingente de fotografías del gran evento, los que ciertamente quedaron reunidos y juntos para siempre, contando ya cuarenta y cinco años de matrimonio, con lo raro que es eso para cualquiera y no digamos en el mundo artístico, fueron Raphael y Natalia. ¡Felicidades!

Pepe Fuertes

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