UNA DALIA CUIDABA SEVILLA…

Se nos ha ido como si se hubiese apagado el hilo de voz de un romance, un  viejo romance de radio antigua y cines de barrio. Se nos ha ido camino del cielo, sin un hijo que la herede. Se ha muerto Paquito Rico en una muerte de copla, pareciendo una rosa de té,  trocándose en nardo el color de sus mejillas. Se ha muerto en tono menor una grande. En Francia esto lo entienden perfectamente, como lo entendieron con Chevalier, con la Piaf, con Bécaud. En Estados Unidos también saben quiénes son los dioses de sus emociones. Pero en España… España está bastante entretenida haciendo otro casting para elegir más clonados, más cantantes que se parecen unos a otros como gotas de agua, en esta época en la que pasó a la historia el estilo propio, la originalidad. Todo se parece ya a todo.

Paquita Rico perteneció al reino de la personalidad propia, cuando los artistas  -como dijo Umbral de Raphael-  estaban tallados a mano.

Quintero, León y Quiroga levantaron una Corte en la que se entronizó como nadie Paquita Rico con la famosa película “¿Dónde vas, Alfonso XII?”. Ese idilio popular  que lloró España, esa historia de amor en la que ya no sé si Paquita Rico fue reina o María de las Mercedes artista, esa historia me suena hoy con el último requiebro que me deja haber conocido la triste noticia de que Paquita Rico ha muerto. Cantaba con sangre azul: “Una dalia cuidaba Sevilla…”.

Pepe Fuertes

 

Deja un comentario.

Tu dirección de correo no será publicada.


*